lunes, 30 de abril de 2007

En el juego de los errores, Russo sacó a Riquelme y Micó no se animó a ganar



El empate fue emotivo hasta el final y los dos se quedaron con gusto a poco, pero pocas veces la influencia de los entrenadores estuvo tan ligada desde el minuto cero al desarrollo del partido. Miguel Angel Russo lo había anticipado luego de la goleada ante Bolívar por 7 a 0. "Vamos a seguir asumiendo riesgos", dijo, y agregó: "Cada paso es una medida extrema". En ninguna de las dos frases se equivocó, y ayer, como análisis, hasta se pudo hacer un mix de ambas. Boca ante Racing asumió riesgos extremos.

Russo no tuvo en cuenta el desgaste que hizo el equipo entresemana en la cancha de Vélez. Si se tomó la decisión de hacer siete goles para evitar viajar a México (con tres le alcanzaba para clasificarse a los octavos de final de la Copa Libertadores, pero jugaba con Necaxa), ayer -ya a los cinco minutos- se vio que Boca estaba cansado e impreciso, que todos los jugadores estaban erráticos y llegaban a destiempo. La rotación desde el comienzo hubiera sido una buena alternativa no apoyada en el resultado final, sino desde el funcionamiento. Racing, con la receta que San Lorenzo había usado en la Bombonera, le llegó con peligro varias veces antes del muy buen gol de Bergessio, un calco del tanto de Lavezzi en el 3-0 del Ciclón en la 4a fecha. Micó se copió del modelo Ramón y con un 4-4-2 buscó salir rápido de contraataque y explotar las debilitadas fuerzas xeneizes. Incluso más: si a los 20 minutos de la primera etapa el DT hubiese puesto a Claudio López por Sava, Boca -con las alarmantes ventajas defensivas a cuestas- la hubiese pasado bastante mal. Ibarra erró un pase a dos metros de Banega y hubo un blooper entre Silvestre y Morel, como para marcar algunos ejemplos. Pero Micó, en lugar de golpear la herida resistencia xeneize, decidió ubicar una línea de casi siete defensores para cuidar la diferencia. ¡Si lo hubiera hecho Mostaza Merlo...! Sava quizá se quedó para marcar a Palermo en envíos aéreos, pero Boca no inquietaba por esa vía porque carecía de precisión para mandar los centros.

Racing dejó crecer así a Boca y en los primeros siete minutos del segundo tiempo no cruzó la mitad de la cancha. Y el local sabía que si Riquelme está encendido no hay bloque defensivo que resista. Así empató Boca, con un golazo del N° 10 en una jugada a un toque y desde su liderazgo dio vuelta el partido (no desde el resultado, sino desde el funcionamiento). Pero Russo se equivocó otra vez y sacó a Riquelme a 13 minutos del final. Con Orteman (cometió un récord de infracciones en el período que jugó) y Battaglia armó un 4-4-2 que no sólo no contuvo a Racing, sino que además nubló la identidad del equipo.

Micó ni enterado parecía estar de la desventaja porque hizo tarde los cambios. Racing no igualó por los correctos ingresos de López por Romero, Pellerano por Yacob y Sixto Peralta por Esquivel (el dibujo fue 3-1-3-3), sino por la salida del enganche, la figura del partido, y la falta de conducción de un Boca perdido. No fue determinante en esta afirmación el empate porque en el final Racing casi lo gana. Russo quiso cerrar el partido , pero no se dio cuenta de que la llave la tenía Riquelme.

4 partidos jugó Boca sin Riquelme: ganó 1, empató 1 y perdió 2.

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